Jun 18, 2014

fuck fuck fuck

Y cómo era obvio no iba a tardar mucho en darme cuenta de que no existe el hombre perfecto. Algunos saben cocinar, otros cantan, pocos te dan placer inmediato, menos hacen las tres cosas, pero ninguno es perfecto, absolutamente ninguno. Yo es que soy bastante imbécil y siempre me cuesta aceptar lo evidente. En innumerables ocasiones me creo la protagonista de aquella película pastelosa en la que chica de vacaciones conoce a chico, se divierten, pasan todo el tiempo que les queda juntos y, por ende, acaban enomarándose. El final ya es opcional. La opción A es pasar el último día en la cama a modo de despedida y adiós muy buenas (con el drama que surja); la opción B es mi favorita, cuándo él le dice a ella que irá a visitarla, o mejor, cuándo él le pide a ella que vaya a verlo, o simplemente le pregunta cuándo lo hará. En realidad no me hubiese apetecido para nada que se diera esta última opción. Al fin y al cabo acabo de dejar una relación por la distancia y paso de engancharme a otra persona que vive a miles de kilómetros, pero en el momento, mientras lo estás viviendo, solo deseas que el susodicho se deshaga por tus huesos igual que tú lo haces por él. Pues bien, ahí van los defectos: cuando estás con él es encantador y súper cariñoso, pero cuando no estáis juntos piensa más en ir al gimnasio que en ti, literalmente. Igual me lo tendría que tomar como él, ya que simplemente me atrae físicamente, y disfrutar del sexo y nada más. Mi jodido problema es que puedo perfectamente engancharme a alguien por el sexo. En realidad, mi jodido problema es que ya lo he hecho. 

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