This afternoon, when you told me you are sleeping with a girl, I died a little. Some light inside me shut down. Some colour inside me went black. The truth knocked to my door saying: Hey, you really fucking care. I still cannot imagine you with another girl. I do not want to. This is the last new I needed today, the last one. After that I tried to listen to you and I could not. I had to close the window three seconds after you started singing. It is hard to understand all the feelings I'm having since I don't know you at all, but I really care about who is sleeping with you, and leaving her stuff in the floor of your room, and drinking wine in your kitchen, and hugging Frey with love, and staring at you as I did, and feeling this kind of unstoppable desire I used to feel by your side. I knew it since I saw you first time.
Jul 28, 2014
Jul 19, 2014
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No se quién dijo una vez que "cuando se desea tanto el amor no existe." Claro que no. ¿Cómo va a existir? Puedes tener un enganche emocional o un enganche sexual, pero no ambos. Evidentemente puedes disfrutar follando con alguien a quien amas, sí, pero se trata de un tipo de deseo distinto, que no necesita estar completo porque todas las piezas que falten las suple el amor. Cuando la conexión con el otro es pura y totalmente sexual no hay cabida para el amor, porque el deseo es tan grande e infinito que llena todo el espacio, entonces el corazón queda fuera de juego. Y al final solo hay lugar para mis piernas abiertas y tu espalda en tensión.
Jul 16, 2014
lloro
Necesito escuchar música, que la tele esté encendida o que alguien me hable de cualquier cosa, aunque no me interese en absoluto, aunque no sepa qué responder. Necesito ruido. Necesito que mi cerebro esté continuamente procesando sonidos del exterior. Entretenerlo. Engañarlo. A veces ceno sola en la cocina y olvido encender el televisor y lloro. Lloro de pena. Lloro de soledad. Lloro de amor, de nostalgia, de menos. A veces, siempre sin querer, dejo que mi cerebro escuche todos los sonidos del interior y me deshago. Me quedo mirando a un punto fijo en la pared, a cualquier mota en el azulejo y me derrumbo. Oírme es triste. Yo soy triste si me oyes. No me oigas, sólo háblame y escuchemos los sonidos del exterior.
Jul 11, 2014
memory of a trip
Abrir La Libreta y encontrar todas esas líneas, todas esas palabras. Recordar. Respirar fuerte. Leer cualquier frase y evocar el momento exacto en el que la escribí. Verte de repente. Oír tu voz aunque no la recuerde.
Antes de volver pensé en cómo iba a ser olvidarte. Me di una semana de margen y ya han pasado tres.
Sigo leyendo y me doy cuenta de que en realidad no he olvidado absolutamente nada. Recuerdo cada desayuno, tus manos, los azulejos del cuarto de baño, la moqueta, los cables, el desorden, el sudor, la falta de persianas, a Frey, las flores y el vino, la ironía malgastada, las copas rotas, los verdes del parque, las canciones, el arte. Lo recuerdo Todo.
Tomé algunas fotografías pensando que tenía mala memoria, y la idea de olvidar siquiera alguna de todas las cosas bonitas que me pasaron durante mis últimas semanas allí me aterraba. Ahora me doy cuenta de que no necesitaba tomar ninguna foto, de que lo único que tenía que hacer era escribir.
Jul 2, 2014
departure
Cinco minutos de distancia extrema, de evitar miradas, de aparentar torpemente normalidad. Al sexto minuto caí, tropecé, me derrumbaste. No dejé de temblar durante la primera media hora. Lo que debería haber sido un "-Hola, vengo a buscar mis cosas. -Aquí las tienes, hasta luego.", se convirtió en un "-¿Quieres quedarte a cenar?" Maldita invitación. Aquello sonó como la mejor canción en el mejor momento de la noche. No se si notaste mi desesperación, apuesto a que mucho antes que yo. No se si te sorprendió mi actitud en algún momento, a mí, muchísimo. Para nada pensé en que verte iba a significar agitar mi estómago de arriba a abajo a 890 km/hora sin parar. Quién me iba a decir que iba a estar tan mal curada. Supongo que he estado evitando pensar en nosotros durante todo este tiempo creyendo que realmente sí te estaba olvidando. Ayer, al verte, supe que lo que había estado haciendo durante estos meses era ignorar la brecha, y cuando me he dado cuenta la sangre salía a borbotones. Obviamente durante la cena hubo mucho más que comida. Por mi parte ganas infinitas de despertar y de que mis cosas siguieran allí. Ganas de abrazarte tan fuerte. Ganas de besarte tan suave. Y llegó la encrucijada. ¿Y qué hicimos? Querernos un poco diciéndonos adiós.
Hoy llueve porque estoy triste. Siempre llueve cuando estoy triste. O igual estoy triste porque llueve. Vuelvo a no poder hablar de ti. Tiemblo y tartamudeo. Se me llenan las mejillas de agua salada y ennegrecida. Fue perfecto y sin embargo estoy triste. Fue bonito y sin embargo lloro.
Jun 29, 2014
meeting
Pavor. Me da pavor el (re)encuentro. Me da pavor que me mires con tristeza, pero me horroriza fervientemente que lo hagas con rabia, desprecio, frialdad, distancia. No soporto la idea de volver a verte sin abrazos, ni besos, ni palabras. El último recuerdo que guardo contigo es tan bonito y especial. Recuerdo cada minuto bajo el sol, sobre la hierba, en el autobús, en el museo, por la ciudad, caminando con maletas, fotografiando cada parque, cada fuente, cada tienda. Mis lágrimas en la estación. Nuestro último momento juntos fue cálido. Parecíamos pareja y no lo éramos, solo actuábamos como tal. Ahora, después de varios meses, me toca verte de nuevo, y se que este recuerdo solapará al último, y no quiero, porque auguro una mala tarde, unas miradas desgastadas, unas palabras apenas pronunciadas. Sé que este último encuentro estropeará todos y cada uno de los recuerdos bonitos que tengo a tu lado, que son (casi) todos. Sé que esta tarde habrá sentencia. Sé que escribirás el punto y final, el definitivo. Pronunciarás el Adiós. Y no quiero, porque me da pavor imaginarme totalmente sin ti de ahora en adelante.
Jun 24, 2014
hwyl fawr - goodbye - adiós
Hace ya casi 60 horas que nos dimos el último abrazo, el último beso, el último Todo. En aquél momento en la estación no había nadie más: tú, yo y mis maletas; tú, yo y tu guitarra. Ni tan solo el autobús. Ni las luces de la ciudad. Ni los bares, ni los taxis, ni las líneas pintadas en el suelo. En ese momento el sol se avergonzaba de presenciar nuestro último adiós. Después de tres semanas despidiéndome casi a diario no me di cuenta, al pronunciar aquellas palabras, que serían las últimas, las últimas que saldrían de mi boca y entrarían en tu oído. Fue la última vez que aparecimos en el mismo plano, en una misma secuencia, incluso en la misma película. Pensé que no sería así. Imaginé que una vez en casa te echaría tanto de menos que me derretiría de pena. Me deshice pensando en cuántas lágrimas iba a derramar acordándome de tus brazos rodeándome por las mañanas, de tu sudor entrando en cada uno de mis poros. Pero me equivocaba. Estoy en casa y todo sigue igual que antes de conocerte. Echo de menos el sexo, eso sí. Que cocines para mí y verte comer. También me acuerdo mucho de las pecas en tu espalda. De tu cuello y de tu barbilla. Pero sólo me acuerdo de tu físico. Me cuesta acordarme de tu voz, ni siquiera sé si la recordé alguna vez. No hubo amor, ni ternura, ni conexión emocional, y no puedo echar de menos todo aquello que no existió. Todo aquello que no ocurrió de manera bidireccional. Todo aquello que no me diste. Todo aquello que le diste a alguien, donde aún sigue. Todo lo que no recuperaste.
Y para qué mentirnos, también echo de menos tu canción.
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