Jun 24, 2014

hwyl fawr - goodbye - adiós

Hace ya casi 60 horas que nos dimos el último abrazo, el último beso, el último Todo. En aquél momento en la estación no había nadie más: tú, yo y mis maletas; tú, yo y tu guitarra. Ni tan solo el autobús. Ni las luces de la ciudad. Ni los bares, ni los taxis, ni las líneas pintadas en el suelo. En ese momento el sol se avergonzaba de presenciar nuestro último adiós. Después de tres semanas despidiéndome casi a diario no me di cuenta, al pronunciar aquellas palabras, que serían las últimas, las últimas que saldrían de mi boca y entrarían en tu oído. Fue la última vez que aparecimos en el mismo plano, en una misma secuencia, incluso en la misma película. Pensé que no sería así. Imaginé que una vez en casa te echaría tanto de menos que me derretiría de pena. Me deshice pensando en cuántas lágrimas iba a derramar acordándome de tus brazos rodeándome por las mañanas, de tu sudor entrando en cada uno de mis poros. Pero me equivocaba. Estoy en casa y todo sigue igual que antes de conocerte. Echo de menos el sexo, eso sí. Que cocines para mí y verte comer. También me acuerdo mucho de las pecas en tu espalda. De tu cuello y de tu barbilla. Pero sólo me acuerdo de tu físico. Me cuesta acordarme de tu voz, ni siquiera se si la recordé alguna vez. No hubo amor, ni ternura, ni conexión emocional, y no puedo echar de menos todo aquello que no existió. Todo aquello que no ocurrió de manera bidireccional, Todo aquello que no me diste. Todo aquello que le diste a alguien, donde aún sigue. Todo lo que no recuperaste.

Y para qué mentirnos, también echo de menos tu canción.

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