May 27, 2015

Más miedo a la locura que a la propia muerte.

Escucho toda esa música que hace que me rompa un poquito tras cada canción. Las manos me huelen a lejía porque alguien puso el trapo de la cocina en remojo y yo lo usé enseguida. Ahora me muerdo las uñas y me intoxico. Ya todo intoxicado. Me intoxico cada vez que entro en Instagram, sobre todo ayer. Me intoxico cada vez que entro en Tuiter, sobre todo ayer. Luego me hablas y no se me pasa si no que río y lloro y todo a la vez porque soy demasiado cobarde para tal. Y me mandas corazones y yo desearía que fueran corazones de amor pero no. Y me siento tan imbécil pero es ya tan tarde para no serlo que me da igual porque ya se que lo soy, y tu también lo sabes. Vuelve a sonar la música y yo me he enamorado de un póster en la pared que ni siquiera me pertenece. Ni el póster ni la pared ni los votos ni aquél concierto porque nunca vamos a compartir nada más que cosas de Internet o sea cosas vacías, efímeras, hola y adiós. Ayer casi cumplo un récord, pero no. Y así la vida hasta el verano.

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